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La Voz Silenciada Entrevista con Ignacio Verdugo

Partamos por el silencio.

El silencio puede ser una bendición o una maldición. La música, por ejemplo, no se puede comprender si no es con silencios; entre nota y nota hay silencios. Nos permite distinguir los tiempos, las notas, las frecuencias, por lo que es muy importante. Como el yin y el yang, sin la noche no podemos distinguir el día, sin la sombra no podemos distinguir la oscuridad, sin el silencio no podemos distinguir el sonido, por lo que vamos a comenzar reivindicando el silencio. Como lo es también en la comunicación.

¿Cómo opera en una conversación?

En un diálogo se requiere no sólo el silencio entre palabras, sino también la pausa necesaria para la comprensión de lo que estamos diciendo, por una parte, y escuchando, por otra. El silencio que permite al otro expresarse, decir, confesar, abogar o intentar convencer acerca de una postura determinada y también el silencio, que puede matizar o enriquecer la escucha por la pregunta, por la indagación.

El silencio es importante, pero otra cosa es cuando el chakra se ha cerrado o la imposibilidad de decir mi verdad.

El silencio que viene de no decir, de no poder sacar mi voz, puede ser precisamente de dificultades, restricciones o derechamente un chakra muy bloqueado. El quinto chakra o Vishuddhi chakra, ubicado a la altura de las cervicales -por el frente se ubica en la garganta- como lo entiende el yoga, es el centro purificador que está asociado con la comunicación, que implica el proceso de escuchar a los otros y también poder expresar. La purificación de este chakra despeja el camino para una comunicación más sincera y acertada. Desde la psicología transpersonal se le comprende como el lugar donde se ubica la capacidad creativa, capacidad básica de comunicar, crear, cantar, declamar, recitar poesía, actuar, etc. Aquí está  todo el sistema respiratorio, que comienza en esta zona, por lo que podemos comprender que la vida pende, de alguna manera de este chakra. Desde el punto de vista de los arquetipos, aquí está el “Comunicador”, que incluye desde lo sano o funcional, las capacidades de ser espontáneo, simpático, comprensivo, diplomático, de decir y oír la verdad. A través de la voz podemos expresar nuestros deseos, inquietudes, opiniones, expresamos nuestros juicios, nuestros principios, nuestro decir y hacer en la vida, nos autodefinimos y sabemos que el lenguaje crea realidad.

Hablando de cierta forma puedo empezar a vivir en una realidad que no quiero.

O por lo que he dejado de decir. Desde el punto de vista de la bioenergética, el segmento del cuello apretado o una garganta acorazada puede provenir de que de niño aprendí que era mejor no hablar, para no ponerme en riesgo, quizás para ser amado o querido. Entonces lo que quizá voy a hacer es bloquear corporalmente este segmento -o chakra – y me voy a acostumbrar a pasar la vida callado. Ahí nos encontramos con disfunciones muy importantes, apareciendo aquí el arquetipo disfuncional del “Niño Silencioso”, donde no expresa lo que desea, no expresa sus emociones, lo que le incomoda, lo que le pasa y va creando una realidad, que probablemente no desea, donde no es capaz de comunicarse, de construir, de crear vínculos, establecer relaciones y básicamente de decir “su verdad” y eso tiene consecuencias, habitualmente, incluso en enfermedades graves.

¿Sería apropiado decir que esa disfunción que en algún momento tuvo un sentido protector, cuando las circunstancias cambiaron puede quedar operando de manera nociva?

A mí se me ocurre ocupar la metáfora del agua. Uno la puede contener en un vaso, en una piscina, en un tranque, en una represa; pero el agua, tarde o temprano el agua tiende a volver a su lugar de origen y a seguir su curso natural,  siguiendo el sentido de la gravedad, aguas abajo. Por lo tanto, ya sea un país con una dictadura, una familia con padres autoritarios o en una sala de clases u otros espacios, puede que seamos capaces de acallar un rato, pero tarde o temprano las personas, como el agua, tienden a su equilibrio y a reestablecer su orden. Y cuando estamos inhabilitados, cuando la represión no es actual, sino mental, psicológica, emocional y corporal, tenemos mecanismo, tenemos terapias que nos permiten empezar a poder decir lo que necesitamos.

¿Por qué el “no decir” puede quitarme o restarme tanta vitalidad?

Necesito mucha energía para reprimir o “represar” esa agua, y por lo tanto toda esa energía que utilizo para que “no se me salga” dejo de tenerla disponible para otras cosas que pueden ser más creativas, importantes y necesarias para el ser humano.

¿Esto se refiere solo a la conversación con otros? ¿Qué pasa con las conversaciones internas, las que tenemos con nosotros mismos?

Para mí, la clave está en la autoconciencia. Ser consciente de mí mismo, significa cierto nivel de honestidad respecto de lo que hago, de lo que expreso o de lo que no hago ni digo. Esto requiere atención respecto del lenguaje que uso, por ejemplo, el uso de muletillas, que salen de mi automático, ni siquiera las “oigo” y aparte de empobrecer el lenguaje, manifiestan que no pongo atención a lo que digo. Cuántas de mis respuestas son desde el automático. ¿Qué reacciones emocionales tengo cuando alguien me habla y me dice algo que me incomoda? Puedo tener una respuesta desde el miedo y mi mecanismo de defensa ante el temor, por ejemplo, de una situación nueva o demasiado desafiante, puede ser negarme a ella- aunque en el fondo de mi corazón quisiera poder atreverme- y me pierdo una oportunidad. Cuando yo empiezo a tomar conciencia de mi historia, de mis paradigmas, de mis decretos personales, puedo irme dando cuenta desde donde digo lo que digo y desde donde actúo lo que actúo. Y en la medida que voy mirando esto, voy ampliando mi gama de posibilidades de acción, con lo cual aumenta mi grado de libertad de acción y felicidad.

Esto de poner autoconciencia sobre lo que digo, puede conllevar también una mayor responsabilidad.

Aprendí hace no mucho que nunca es inocuo decir o no decir, especialmente cuando estamos en sociedad. En cualquier grupo que me encuentre  lo que digo siempre produce algún nivel de impacto como también no decir algo. Entonces, efectivamente, la responsabilidad es la habilidad de responder -“respons-abilidad”- a lo que dije y a lo que dejé de decir. Miremos la dramática situación que ha sido permanentemente abusada por un pariente, pareja  o por una persona que tiene cierto nivel de autoridad sobre ella, el no decir tiene como consecuencia la “protección” de ese abusador, la permanencia en la actitud abusadora y, por supuesto, una gran consecuencia en la vida, en la libertad, en la sexualidad, en la felicidad de la persona abusada. Lo que hace en definitiva es restringir mi libertad personal. En el otro extremo, nos encontramos con el hablador. Con el parlanchín, el “verborréico”, o el “grupiento”, el charlatán, que también necesita hacerse responsable de lo que dice.

Hay  secretos que no se dicen.

Lo curioso es que muchas veces creemos que decir aquello puede producir grandes terremotos, afectar mi identidad pública o que va a afectar el cariño que los demás me tienen, y resulta que el contarlo, aparte de liberarme, puede ser tremendamente beneficioso, ya sea porque mi entorno ha sabido de esto toda la vida y faltaba pronunciarlo, por ejemplo “salir del closet”. Cuan sanador ha sido para tantos hombres y mujeres poder confesar “Este soy yo”.

Decirle al mundo quién soy puede significar una ruptura con la fidelidad familiar.

Aquí están jugando dos fuerzas muy poderosas en el ser humano, que tienen que ver con la trama integradora, el deseo de pertenencia, la necesidad de ser parte versus el movimiento diferenciador, que tiene que ver con la necesidad de individuarme, de ser yo mismo, de salir y conquistar el mundo. En las constelaciones familiares vemos como frecuentemente la necesidad de pertenencia nos obliga a ser leales, de manera inconsciente, a mis padres, a lo que en mi familia se define como algo importante.

No pertenecer no es seguro. Como mamíferos necesitamos la manada.

Exacto, pero muchas otras veces, nos cobra un alto precio. Para poder pertenecer he debido renunciar a mi necesidad de individuarme, de ser diferente y esto puede chocar con la necesidad de ser leales. Por lo tanto, cuando el hijo toma un camino distinto, se casa con una chica que no era la que todos esperaban, tiene una orientación sexual diferente, toma una profesión distinta o incluso es feliz cuando en la familia reinan las desgracias, o cualquier otro acto de individuación, en que está siguiendo su propio deseo o impulso, de alguna manera está haciendo un movimiento diferenciador y pagamos un precio que muchas veces es caro. Ser distinto, ser original, ser únicos, nos puede acarrear dificultades. Por eso es tan importante el trabajo individual de descubrir todo esto y poder decirle a nuestros padres, abuelos -aun cuando no estén vivos, más bien es un acto ritual- pertenezco aun cuando no te sea fiel.  Bert Helliger dice que nos hacemos adultos cuando somos capaces de asumir esa “culpa” de ser diferentes y decir “ya no necesito seguirte para pertenecer”.

Alzo mi voz para que lo escuche el grupo completo y lo pronuncio.

En este sentido, el grupo o las formaciones en tribus tienen esa potencia, porque nos permite tener testigos de mis declaraciones y procesos. Hace una gran diferencia; no es lo mismo declararlo frente a un espejo, frente a una sola persona que hacerlo frente a quienes representan a la sociedad, a los sistemas a los que he pertenecido.

Borrarse de la propia familia tampoco es muy sano.

Poco sano porque niego mi herencia, mi legado, mi tribu y cuando niego a mis padres, en parte me estoy negando yo mismo, porque somos 200% nuestros padres. Me pierdo el poder que tiene el sentir a nuestros padres detrás. Por eso en el juego de ambas cosas (integración y diferenciación) y en la conciencia saber desde dónde estoy actuando, es que creo que está un mayor grado de autoexpresión, de sanación y de libertad personal.

Ignacio Verdugo: Abogado, Coach Ontológico PCC, Coach Ejecutivo, Terapeuta Bioenergético, Constelador Familiar, Constelador Organizacional, Sonoterapeuta. Dueño y Administrador de Centro TribuyAlma del Arrayán.

Para ver la entrevista completa ir a: www.revistabienestarysalud

o http://teambuildingpartners.cl/la-voz-silenciada/

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